A Mi Yo Más Joven

En mi cumpleaños, me encuentro mirando hacia atrás, hacia la jovencita que una vez fui. Antes de saber lo que la vida me pediría, antes de comprender el significado de la gracia, ella ya estaba aprendiendo a sobrevivir, a tener esperanza y a seguir adelante. Antes de saber lo que la vida me pediría, antes de comprender el significado de la gracia, ella ya estaba aprendiendo a sobrevivir, a tener esperanza y a seguir adelante.

Hoy quiero decirle algo que necesitaba escuchar desde hacía mucho tiempo.

Querida Mary:

Te veo.

Veo a esa Mary delgadita, con unas piernas que parecían demasiado largas para el resto de su cuerpo, aprendiendo a tener fortaleza mucho antes de siquiera tener un nombre para eso. Veo las noches en las que te sentabas en silencio, con el estómago rugiendo en medio de la oscuridad, diciéndote a ti misma que no importaba si había comida o no. ¿Qué otra cosa podías hacer? Estabas aprendiendo a sobrevivir antes de aprender realmente a vivir.

Aprendiste desde temprano que debías verte y no dejarte escuchar. Así que aprendiste a desaparecer. Te hiciste invisible, como una flor callada en una esquina, siempre presente pero pocas veces notada. Mirabas a otros jugando y riendo, preguntándote qué secreto conocían que hacía que la vida pareciera tan fácil. Nunca sentiste que fueras suficientemente bonita, suficientemente inteligente o suficientemente buena.

Pero Mary, lo que todavía no sabes es que sobrevivir era solamente el comienzo de tu historia. Algo ya estaba echando raíces dentro de ti. En aquel momento no tenías palabras para describirlo. No lo llamabas resiliencia. No lo llamabas fe. Simplemente ponías un pie delante del otro, intentando llegar al final de otro día.

Cargaste con responsabilidades demasiado pesadas para tus hombros. Usaste zapatos que no te quedaban bien, intentando caminar por un mundo que muchas veces parecía demasiado grande e incierto. Pero Dios vio cada paso.

Te esforzaste tanto por proteger a Mami. Querías mantenerla de pie cuando todo a su alrededor parecía estar desmoronándose. Te tocó ser la mamá de tu propia mamá, calmando sus miedos y cuidando de la mujer que se suponía que debía cuidarte a ti. En aquel entonces no entendías que había cargas que nunca debieron ser tuyas, pero aun así las cargaste.

Y Dios estaba allí.

No siempre de la manera que esperabas. No con respuestas para cada pregunta. Pero de una forma tranquila y tierna, recordándote que nunca estuviste completamente sola. Aun cuando tu fe parecía tan frágil como una hoja de papel y sentías que nadie te veía, ese susurro silencioso en tu corazón no era imaginación. Era Él.

Aprendiste sobre la pérdida demasiado temprano.

Blackie, tu perrita peludita, te fue arrebatada porque no había suficiente comida para darle de comer. Puede que otros no entendieran lo mucho que significaba para ti, pero ella era un consuelo. Era amor. Perderla fue la primera grieta en tu corazón, un dolor que todavía no sabías cómo explicar.

Y entonces llegó la pérdida que lo cambió todo.

Tu preciosa hermanita, ese latido tan especial de tu mundo, fue trágicamente arrebatada de ti en un accidente de atropello y fuga. Nadie podía responder todos los “porqués” que llenaban tu corazón. Solo sabías que la vida nunca volvería a ser igual. Una parte de ti se fue con ella.

Guardaste ese dolor en silencio, todavía intentando proteger a Mami, todavía creyendo que tu propio sufrimiento podía esperar. Pero escúchame bien, Mary: algún día aprenderás que perdonar no significa olvidar. No significa fingir que la herida nunca ocurrió. Significa soltar el peso de lo sucedido y permitir que Dios cargue con aquello que siempre fue demasiado pesado para que tú lo sostuvieras sola.

La vida traería más despedidas.

Abuelo, con sus historias tranquilas y su presencia llena de ternura. Luego, Abuela, cinco años después, la mujer más bondadosa que conociste. Cada despedida dejó otro espacio vacío en tu corazón, y hubo momentos en los que el dolor parecía más de lo que podías soportar.

Pero aun allí, Dios te sostenía.

Mirando hacia atrás ahora, entenderás que cada pérdida abrió espacio para un amor más profundo. Esas despedidas te enseñaron que el amor no desaparece cuando alguien deja esta tierra. Las personas que amamos se convierten en parte de quienes somos, y la fidelidad de Dios permanece.

Confía en esa voz tranquila dentro de ti, Mary. Esa voz que cuestionas. Esa voz que a veces ignoras. No es debilidad. Es sabiduría. Es discernimiento. A veces es Dios guiándote con ternura cuando todo a tu alrededor se siente confuso y lleno de ruido.

Caerás. Durante tu adolescencia y tus primeros años como mujer, tomarás decisiones que desearás poder cambiar. Pasarás por temporadas de confusión, desamor y dolores que nunca viste venir. Pero esos momentos no te destruirán.

Años después, descubrirás que Dios nunca tuvo miedo de tus partes rotas. Él ya estaba allí, esperando que entendieras que ninguna de tus lágrimas, luchas o cicatrices había sido en vano. Esos lugares quebrantados se convertirán en tierra santa.

Comenzar de nuevo no es fracasar. Es tener fe.

Sobrevivirás.

Tu historia importa.

Las cicatrices que llevas algún día te recordarán lo lejos que has llegado. Contarán la historia de esa joven Mary que siguió adelante, aun cuando no sabía hacia dónde la llevaría el camino.

Tu camino no ha terminado. Amarás. Vivirás pérdidas. Y encontrarás el valor para amar nuevamente.

Un día mirarás hacia atrás y lo verás claramente: el hambre, el rechazo, la soledad y las lágrimas no pudieron derrotarte. Esos momentos se convirtieron en la tierra donde Dios hizo crecer algo más fuerte y más tierno dentro de ti.

Quisiera poder sentarme a tu lado ahora mismo y decirte esto: Dios te ve, Mary. No desde lejos, sino justo allí contigo en la oscuridad. Él te escucha cuando las palabras no salen. Él conoce tu nombre y nunca se ha apartado de tu lado. Ni una sola vez.

Nunca tuviste que ganarte Su amor. Nunca tuviste que demostrar que eras digna. Siempre fuiste de Él.

Sé amable contigo misma, Mary. No tienes que ser tan dura con tu propio corazón. La gracia nunca fue algo que tuviste que perseguir. Siempre estuvo ahí, esperando ser recibida.

Y no tienes que seguir corriendo todo el tiempo.

Dios no tiene prisa contigo.

Feliz cumpleaños, Mary.

Gracias, Mary, por resistir y seguir adelante.

Celebro a esa Mary

Hoy celebro a la Mary que no sabía lo que le esperaba; a la joven que tropezó, buscó respuestas, cometió errores y volvió a comenzar; y a la mujer en la que todavía me estoy convirtiendo, sostenida por la gracia.

Sigo escribiendo porque cada vez que regreso a esa Mary asustada, recuerdo la gracia que la sostuvo durante el hambre, el dolor del corazón y las pérdidas. Recuerdo que la sanación no ocurre en un solo instante. Es un camino que todavía estoy recorriendo. Quizás ese es uno de los regalos más grandes de envejecer: aprender a mirar nuestro pasado con compasión en lugar de recordar solamente el dolor.

Esa Mary no sabía cómo se desarrollaría su historia. No sabía que algún día las luchas se convertirían en enseñanzas, que las heridas se transformarían en lugares donde la sanación podría comenzar, o que Dios podía traer belleza de los pedazos rotos.

Pero lo hizo.

Y Él todavía sigue escribiendo la historia.

Si alguna parte de mi historia resuena contigo, sería un honor que continuaras este viaje conmigo a través de las páginas de Running in Heels: A Memoir of Grit and Grace. Es una historia de hambre, dolor, esperanza y sanación que todavía estoy viviendo.

Posted in crecimiento personal, Reflexiones personales | Tagged , , , , , , , , , | Leave a comment

El primer hombre a quien admiré

Este mes tenemos cinco cumpleaños en la familia. El 11 de agosto, papi cumple 93 años.

A lo largo de los años he escrito muchísimas historias sobre él, porque me ha regalado un sinfín de historias para contar. Con su personalidad tan vivaz, siempre ha sido un narrador nato. Si llevas tiempo leyendo mi blog, lo más seguro es que ya te hayas encontrado con él en más de una ocasión.

En estos días, me descubro pensando menos en los grandes momentos y más en los detalles de cada día. El sonido de su voz. La calidez de su sonrisa cuando me ve. La tranquilidad de simplemente sentarme a su lado.

A sus 93 años, cada cumpleaños se siente un poco más especial.

“Las canas son una corona de honra, que se obtiene viviendo una vida justa.” —Proverbios 16:31

Así que este año no voy a decir mucho. Solo quiero darte las gracias.

Gracias por toda una vida de amor, por creer en mí y por ser el primer hombre a quien admiré.

¡Feliz cumpleaños, papi!

Te quiero.

Posted in familia, Uncategorized | Tagged , , , , | Leave a comment

Feliz Cumpleaños Celestial, Abuela

El 26 de julio, mi abuela habría celebrado otro cumpleaños.

Nació en 1898 y partió con el Señor en 1986, pero no pasa un solo año sin que piense en ella.

Mis dos abuelos vivieron muchísimo. Pasaron por dos Guerras Mundiales, la Gran Depresión, la pandemia de influenza de 1918 y la tuberculosis. Fueron testigos de un mundo que cambió de maneras que hoy apenas podemos imaginar. Sin embargo, mi abuela nunca perdió su dulzura ni su bondad.

Cada vez que miro su foto, sonrío. Casi puedo verla saludándome con la mano y regalándome esa misma sonrisa tan cálida que hacía sentir bienvenido a todo el que la conocía.

Cuando era una nena, nunca pensé mucho en todo lo que ella había vivido. Simplemente era mi abuela, con su voz suave, su cálida sonrisa y esos abrazos que llenaban el alma. No fue hasta que crecí que comencé a comprender la fortaleza que debió haber tenido para criar a su familia durante algunos de los años más difíciles de la historia.

¡Cómo quisiera haberle hecho más preguntas! ¡Cómo quisiera haberla escuchado un ratito más!

¡Feliz cumpleaños celestial, querida Abuela!

Gracias por tu amor, por tu ejemplo y por todas esas maneras silenciosas en las que moldeaste a nuestra familia. Tu vida sigue teniendo un propósito porque tu amor todavía vive en cada uno de nosotros.

Te extraño todos los días.

Con todo mi amor,

Tu nieta, Mary

Querido lector: Quiero compartir contigo un breve fragmento de mi libro de memorias, Corriendo en Tacones, que muy pronto estará disponible en español. Aquí conocerás a la mujer que, sin hacer mucho ruido, me enseñó la fe, el valor del trabajo duro, la bondad y la importancia de servir a los demás. Son lecciones que todavía hoy siguen marcando mi vida:

👉 Abuela

Aunque sus manos ya no puedan tomar las mías, el amor, la fe y la sabiduría que sembró en mi corazón permanecen conmigo para siempre.

Posted in Fe e Inspiración, memorias, Uncategorized | Tagged , , , , , , , , , | Leave a comment

En Tu Cumpleaños, No Puedo Evitar Pensar en Nosotros

Mientras mi esposo celebra un año más de vida, me encuentro pensando en algo que nunca entendí cuando era joven: lo que realmente significa envejecer al lado de la persona correcta.

Antes pensaba que el amor se medía por los grandes momentos: los logros, las celebraciones, los recuerdos que puedes señalar en una foto. Pero el matrimonio tiene una forma muy especial de enseñarte otra cosa. Se construye en los días sencillos, esos que en el momento parecen no tener nada extraordinario, pero que con el tiempo terminan significando todo.

Con los años, el amor ha cambiado. Ya no es tan intenso como cuando éramos jóvenes. Las mariposas en el estómago dieron paso a algo más sereno, más profundo. Hoy se manifiesta en los detalles de cada día. Es él quien me lleva un vaso de agua con hielo antes de que yo misma me dé cuenta de que tengo sed. Es buscar mi mano sin pensarlo mientras caminamos por un estacionamiento. Es preguntarme cómo me fue el día… y de verdad escuchar la respuesta.

Cuando miro hacia atrás, recuerdo más los masajes en los pies que las cenas elegantes. Después de un día largo, cuando tengo los pies cansados y adoloridos y siento que no puedo dar un paso más, él se sienta a masajeármelos sin que yo se lo pida. No hace ningún alarde. No busca reconocimiento. Simplemente lo hace por amor. Y, de alguna manera, esos momentos silenciosos son los que más han permanecido en mi corazón.

Así es, Mark. Nunca ha sido de llamar la atención ni de buscar reconocimiento. Simplemente ha sido fiel, de esa manera tranquila que, con mil pequeños gestos, ha hecho de nuestro matrimonio un lugar seguro.

Con los años también he aprendido que el perdón vale mucho más que tener la razón. Hemos tenido nuestros desacuerdos, como cualquier matrimonio. Pero hoy, sinceramente, ni siquiera recuerdo de qué trataba la mayoría.

Lo que sí recuerdo son las veces que nos pedimos perdón. Las conversaciones que poco a poco suavizaron el corazón. La decisión de cuidar nuestro matrimonio en lugar de empeñarnos en ganar una discusión.

Tener la razón nunca construyó nada que perdurara.

El perdón, sí.

Uno de los regalos más dulces que Dios le ha dado a nuestro matrimonio ha sido la risa. Nos ha sostenido en temporadas en las que hubiera sido mucho más fácil llorar. Aun después de todos estos años, Mark todavía sabe cómo hacerme reír cuando menos lo espero. La vida no siempre ha sido fácil, pero la risa nos ha llevado mucho más lejos de lo que alguna vez imaginamos. He llegado a verla como una de las misericordias silenciosas de Dios. No borra los días difíciles, pero los hace un poco más livianos para poder seguir adelante.

Envejecer nos ha traído canas (gracias a Dios por el tinte de pelo), mañanas más lentas y más achaques de los que quisiera admitir. Pero, gracias a Dios, no nos ha robado la risa. Al contrario, la ha hecho aún más valiosa. Envejecer es un privilegio que no todos reciben. Hemos conocido personas que nunca tuvieron la oportunidad de llegar a esta etapa ni de envejecer junto a la persona que amaban. Pensar en ellas cambió mi manera de ver el tiempo. Ya no doy por sentado el mañana; recibo cada día como un regalo.

Y compartir la vida al lado de la persona que amas es un regalo aún mayor. Cuando nos casamos, no teníamos idea de cómo sería nuestro futuro. Éramos simplemente dos personas esperando haber elegido bien esta vez.

Este es mi segundo matrimonio. El primero tuvo su propia carga de dolor y de lecciones difíciles, marcado por la traición, la adicción y ese tipo de heridas que te hacen cuestionar todo lo que creías saber sobre el amor. Pero, con el tiempo, Dios hizo lo que solo Él podía hacer. Trajo sanidad, claridad y una comprensión mucho más profunda de la paz que debe sentirse dentro de una relación.

La vida nos cambió. El tiempo también. Pero, a través de cada etapa, hubo algo que nunca cambió: seguimos escogiéndonos el uno al otro. No de manera perfecta. No siempre fue fácil. Pero sí con fidelidad.

Y creo que eso es, al final, lo que realmente significa amar. No un momento especial ni un gran acontecimiento, sino una decisión que se toma una y otra vez, en cada temporada de la vida.

Mientras se acerca el cumpleaños de Mark, me doy cuenta de que no estoy pensando en regalos, ni en planes, ni en nada extravagante. Lo que llena mi corazón de gratitud son las cosas pequeñas.

Otro amanecer juntos.

Otra caminata por la casa mientras se cuela el café.

Otra conversación al terminar un día largo.

Otra oportunidad para darle gracias a Dios… y a él.

No tenemos la promesa de un año más. Nadie la tiene. El regalo que sí tenemos es el día de hoy. Otro cumpleaños. Otro amanecer. Otro día común que se vuelve extraordinario porque podemos vivirlo juntos. Y por eso, mi corazón rebosa de gratitud.

Feliz cumpleaños, mi amor.

Gracias por hacer de lo sencillo la parte más hermosa de mi vida.

Gracias por haberme escogido hace tantos años.

Y gracias por seguir escogiéndome, cada día, desde entonces.

«El amor nunca deja de ser.»
— 1 Corintios 13:8


¡Esta boricua está bien enamorá de su esposo irlandés! ¡Feliz cumpleaños, mi amor! ❤️🇵🇷🇮🇪

Posted in Fe, Reflexión y Crecimiento Espiritual, Matrimonio y Vida en Pareja | Tagged , , , , , , , , , | Leave a comment

El Silencio Intermedio

Hay una versión de mi vida que no siempre pongo en palabras.
No es una lucha dramática. Es algo más silencioso que eso… y más difícil de explicar.

No es lo que la gente ve primero: roles, rutinas, responsabilidades, todo lo que se puede explicar fácil por fuera.
Es lo que está por debajo de todo eso. Lo que no se anuncia… pero siempre está ahí.

Empieza temprano, a veces antes de que el día termine de despertar.
Y ya mi mente está corriendo con lo que hay que hacer, a qué hora tengo que salir, qué se me puede quedar en el counter, lo que quedó pendiente de ayer, y lo que viene después.

Hay días donde siento que estoy cargando demasiados hilos a la vez.
Citas, mensajes que todavía no he contestado, cosas que dije que iba a resolver…
y nada de eso se siente realmente “guardado” lo suficiente como para descansar.

Y quizás tú también conoces eso.
Cuando nada está mal exactamente… pero la mente ya está en movimiento antes de que el día empiece de verdad.

Por mucho tiempo pensé que eso era algo malo en mí.
Que debía poder callar la mente más fácil.
Que debía poder vivir con más ligereza.

Pero ya no lo veo así.

Así es como camino por el mundo.

Y estoy aprendiendo a no pelear con eso como antes.
En vez de eso, estoy aprendiendo a llevarlo a Dios tal como es.
No la versión organizada. No la versión bonita.
Sino lo que todavía está a medias… lo que aún no tiene forma.

Los pensamientos que todavía no he ordenado.

Las preguntas que no he podido responder.

Las cosas que todavía no sé cómo nombrar… pero que igual siento.

A veces ni siquiera tengo palabras al orar.No es perfecto. No es estructurado.
Es más bien una entrega tranquila en medio de todo.

Dios… Tú ves esto, aunque yo todavía no lo entienda.

Hay un versículo que me sigue encontrando ahí:

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” — Jeremías 33:3

Por mucho tiempo pensé que tenía que entenderlo todo antes de llevárselo a Dios.
Como si la claridad viniera primero… y la entrega después.

Pero estoy aprendiendo que no es así.

La conciencia no es lo mismo que el control.

Y llevar cosas por dentro no significa que fui hecha para cargarlas sola.

Este espacio intermedio que nadie ve… es real en los momentos chiquitos del día.
En esos instantes donde algo simple me recuerda lo rápido que mi mente se va delante de mí.
Como cuando estoy en un cuarto y no recuerdo por qué entré… porque ya me fui a otro pensamiento.

Ahí es donde sigo siendo formada.
Donde las cosas todavía están tomando forma.
Donde sigo siendo moldeada sin darme cuenta del todo.

En silencio. Con honestidad. No sola.

Y quizás ahí es donde me encuentro con Dios de la manera más real.
No en lo que puedo explicar completamente…
Sino en lo que todavía estoy aprendiendo a entender.

Lo que cargamos en silencio termina moldeando cómo vemos todo lo demás.
Así que tal vez cuidar la vida interior importa más de lo que pensé antes.

No todo tiene que estar resuelto antes de ponerlo en Sus manos.
Algunas cosas simplemente descansan ahí… mientras Él las va revelando en su tiempo.

Posted in reflexiones, Fe, Vida y Crecimiento Personal | Tagged , , , , , , , | 4 Comments

Mi Declaración de Dependencia

Cada 4 de julio, espero con ilusión los fuegos artificiales. Hay algo en ver el cielo de la noche llenarse de colores que nunca deja de maravillarme. Cuando era una nena, todo era emoción. Ahora, con los años, se ha convertido en una oportunidad para detenerme y reflexionar sobre lo que realmente significa la libertad.

Este año tiene un significado muy especial, ya que nuestro país celebra 250 años desde el nacimiento de nuestra nación.

Como muchos estadounidenses, agradezco las libertades que disfrutamos. Pero si la vida me ha enseñado algo, es que hay cadenas que ningún gobierno puede romper.

El miedo.

La vergüenza.

La amargura.

El arrepentimiento.

Esas fueron las cosas que me mantuvieron cautiva durante mucho más tiempo del que quisiera admitir.

Durante años, pensé que ser fuerte significaba cargar con todo yo sola. Pedir ayuda me parecía una señal de debilidad. Sonreír mientras sufría parecía más fácil que admitir que estaba luchando por dentro. Cargaba pesos que nunca me correspondía llevar, convencida de que podía dejar atrás mi pasado si simplemente me esforzaba lo suficiente.

Pero no podía.

La mayor libertad que he experimentado en mi vida no vino de depender de mí misma. Llegó el día en que dejé de fingir que tenía todas las respuestas y puse mi vida en las manos de Dios.

Eso no borró los capítulos dolorosos de mi historia. No cambió mi pasado. Pero sí transformó la manera en que aprendí a cargarlo.

Como escribí en Running in Heels, sanar no significa fingir que las cicatrices no existen. Significa descubrir que la gracia de Dios es mucho más grande que las heridas que llevamos por dentro.

Así que, mientras disfruto de las hamburguesas, la sandía, las risas en familia y los fuegos artificiales este Día de la Independencia, también le doy gracias a Dios por otra clase de libertad: esa libertad silenciosa y duradera que nace de Su amor, de Su perdón y de Su gracia.

Los padres fundadores de nuestra nación firmaron una Declaración de Independencia. Hace muchos años, yo hice una declaración muy distinta. No fue una declaración de independencia, sino una de dependencia de Dios. Y resultó ser la decisión que más libertad me ha dado en toda mi vida.

¡Feliz Día de la Independencia, y que Dios continúe bendiciendo a los Estados Unidos de América!

“Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán verdaderamente libres.”
Juan 8:36

Posted in Fe y Esperanza, Reflexiones personales | Tagged , , , , , , , | 1 Comment

¿Bienes Dañados?

Definición de “bienes dañados”: productos rotos, agrietados o rayados. También se usa esta expresión para describir a una persona que otros consideran menos valiosa o menos deseable por lo que ha vivido o porque su reputación ha sido dañada.

¿Alguna vez te has sentido como un bien dañado? ¿Sientes que no vales lo suficiente?

No tienes que quedarte así, sin importar tu pasado ni tu presente.

¿Alguna vez fui yo esa persona?

¡Claro que sí!

Sigue leyendo…

Vacía. Consumida por una soledad profunda. Vivía en una oscuridad como un pozo sin fondo. Un dolor me desgarraba el pecho. Mi corazón atravesado.

Otra vez, no llegó a casa a dormir.

La angustia se apodera de mí. El abandono se convierte en mi compañía. Consumida por la depresión, el aislamiento me envuelve. Mi mente no deja de correr, imaginando dónde estará, qué estará haciendo y con quién.

En lugar de acostarme a dormir, me quedo toda la noche sentada en el sofá. Cada vez que escucho un carro acercarse, salto como un resorte y corro a mirar por la ventana, con la esperanza de que por fin haya regresado. Pero con cada desilusión, siento un nudo en el estómago. El sonido de mi propio llanto terminó por parecer una burla. Lloraba tanto que terminaba casi inconsciente. Cuando finalmente regresaba, sus horribles mentiras no hacían más que aumentar mi dolor y acelerar mi deterioro emocional.

Rota. Marcada. Deshecha.

Esa era yo en aquel entonces, viviendo con un esposo infiel. Sus palabras eran como echar alcohol sobre una herida abierta. El dolor ardía profundamente.

No había soluciones rápidas. No había vendas para las heridas del alma. Me hundía cada vez más en un abismo del que pensaba que nunca saldría. Durante años, esa fue mi realidad.

Pero hoy sé que no tenía que ser así.

Entonces, ¿cuál era el problema?

Estaba completamente abrumada por el abuso: físico, verbal y emocional. Mi autoestima no existía. Había perdido todo sentido de mi valor… había desaparecido.

Creí las mentiras sobre quién era y lo que supuestamente merecía. Me convencí de que esa era simplemente mi vida, mi destino; eso era lo que me había tocado vivir. Había visto ese mismo patrón en mi familia, pero nunca imaginé que también estaba atrapada en él.

—Otra vez lo hice enojar… quizá me lo merecía.

Eso era lo que me repetía.

Así es como suena la codependencia.

¿Cómo te ves hoy?

¿Te han mentido? ¿Te han humillado? ¿Han hecho que te sientas sin valor o insignificante?

¿Sientes que te estás ahogando, luchando por respirar, pero sin lograr salir a la superficie?

Quizás has pasado tanto tiempo tratando de complacer a los demás que has terminado perdiéndote a ti mismo, comprometiendo tus valores, tu paz, tu salud y hasta tu identidad.

Ya basta.

No permitas que las heridas de otra persona te roben la alegría ni endurezcan tu corazón.

Tú vales mucho.

Tú eres importante.

Tu vida tiene significado.

No tiene nada de malo ser frágil. Sé como la porcelana fina: delicada, sí, pero también valiosa y digna de ser protegida.

No eres un bien dañado.

No eres desechable.

No eres un recuerdo olvidado.

No permitas que las mentiras de alguien más definan quién eres.

Yo soy prueba viviente de que Dios no desecha lo que tiene la intención de restaurar.

Levántate.

Vuelve a encontrarte contigo mismo.

Pon dos dedos sobre tu muñeca. ¿Sientes ese latido?

Entonces Dios todavía tiene un propósito para ti.

Permite que la mano de Dios te levante y te conduzca por el camino que Él tiene para ti. Él secará tus lágrimas y restaurará con ternura todo lo que fue quebrantado dentro de ti.

Si Él me sacó del pozo, también puede sacarte a ti.

Pero hace falta tomar una decisión: creer con determinación que hoy puede ser el comienzo de algo nuevo.

¿Qué tienes en tus manos?

¿Qué hay en tu corazón?

¿Un sueño?

¿Un don?

¿Un hijo?

Hay algo en tu vida que vale la pena defender.

Escoge tus batallas con sabiduría, pero nunca renuncies a luchar por ti.

Quizás otros te vean como un bien dañado. Dios ve una vida que aún está en restauración.

Si no conoces mi dolor, quizás nunca entiendas mi alabanza.

Porque mi alabanza nació de haber sobrevivido a aquello que intentó destruirme.

Si esta historia tocó tu corazón, compártela con alguien que necesite recordar que no es un bien dañado. Dios todavía restaura vidas.

Posted in Fe, Vida | Leave a comment

Reflexión de una hija sobre la paternidad

El Día de los Padres se acerca, y mi corazón sigue volviendo a un tipo de paternidad que no siempre se parece a las fotos perfectas que la gente publica.

Mis padres se divorciaron cuando yo era pequeña. Tenía como cinco o seis años cuando se hizo oficial. Mami me crió sola, y yo veía a mi papá durante las visitas, cuando venía a buscarme. Mi madrastra también estaba ahí, y gracias a Dios, era bien cariñosa. Esos momentos eran especiales, aunque fueran cortitos. Siempre los esperaba con ilusión.

Me encantaba cuando me llevaba al parque. Y sobre todo, me fascinaban sus cuentos.

“Cuéntame el de el chupacabra en Puerto Rico,” le decía, ya sonriendo.

Se le iluminaban los ojos. “¡Oh, sí!” exclamaba, dándose una palmada en la pierna. “¡El Chupacabra! Esa cosa iba por ahí donde to’ los animales, chupándoles la sangre.” Entonces bajaba la voz y me advertía que cerrara las puertas porque “¡El Chupacabra viene a chuparte la sangre!”

Yo me reía y le decía “bien loco,” pero esos momentos tan graciosos y llenos de vida me hacían sentir cerca de él.

De chiquita, yo estaba segura de que tenía el mejor papá del mundo, aunque no estuviera conmigo todos los días. Claro, hubo momentos en que quería más. Más tiempo. Más días normales. Más cercanía. Esa distancia dejó un dolorcito callado que cargué por años.

Pero ahora, mirando hacia atrás, puedo ver las partes que sí me dio. Me hizo sentir que yo importaba. Estuvo presente cuando pudo. Y de alguna manera, esos momentos se quedaron conmigo.

Antes me enfocaba tanto en lo que faltaba que no veía lo que sí estaba. Mi sanidad comenzó cuando empecé a aferrarme a esas cositas buenas en lugar de solo revivir la ausencia.

También llegué a entender algo más profundo: Dios nos encuentra en los espacios que otros dejan. Donde el amor se sentía inconsistente, Dios fue constante. Donde la presencia era limitada, Él nunca lo fue.

Este Día de los Padres, elijo la gratitud por lo que sí recibí en lugar de enfocarme en lo que no tuve. Gracias, papi, por los abrazos, las visitas al parque, las risas, los cuentos loquitos y el amor que encontró la manera de llegar hasta mí, aun con la distancia. Hoy te valoro de una forma que no podía cuando era niña.

A toda hija cuya historia incluye distancia, divorcio, o un padre que no estuvo tanto como necesitaba: tus sentimientos son reales. Ese anhelo no desaparece de la noche a la mañana. Pero todavía hay algo bueno a lo que puedes aferrarte, y la sanidad sí es posible.

Y a los padres que están leyendo esto, ya sean biológicos, padrastros, o simplemente hombres que están haciendo lo mejor que pueden por estar presentes: sigan adelante. Aun una presencia imperfecta deja huella.

De mi corazón al tuyo.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Los olores y sonidos de mi niñez

De chiquita, yo siempre tenía hambre.

No era ese tipo de hambre que se quita con una meriendita. Era de esa hambre que se te mete en los huesos cuando eres pobre y en la nevera casi no hay nada.

Por eso, cuando pienso en los olores de mi infancia, el primero que me llega no es el café con leche ni una olla de arroz con pollo hirviendo poquito a poco un domingo por la tarde. Es un hot dog. Friéndose. En medio de la noche.

Yo no tendría más de cinco o seis años. Estaba sola en la casa, algo que para aquel tiempo no era raro, y me había quedado dormida esperando. Escuché la puerta abrirse de madrugada. Mami y mi padrastro acababan de llegar de una salida. Medio prendíos todavía. Hablando duro, como hacen muchos adultos cuando llegan tarde pensando que los nenes están dormidos.

Medio dormida, dije lo único que tenía en mente.

—Mami. Tengo hambre.

Ella refunfuñó, sorprendida de que todavía estuviera despierta. Pero enseguida fue al hornillito y empezó a freírme un hot dog. Cuando mi padrastro le pidió que le hiciera uno también, ella rapidito lo puso en su sitio.

—¡Espérate!

—Primero va ella.

A su manera imperfecta, esa noche me escogió a mí. Con los ojos apenas abiertos, me comí aquel hot dog en la cama como si fuera un banquete. Porque para mí, lo era.

Pero los olores y sonidos que más marcaron mi vida llegaron después, en un apartamentito de dos cuartos en el soleado Miami, donde viví con mis abuelos maternos durante tres años preciosos.

En aquel tiempo, yo pensaba que eso era simplemente la vida. No entendí hasta mucho después que esos tres años terminarían siendo los más seguros y tranquilos de toda mi niñez.

Yo sabía que allí me querían antes de abrir los ojos por la mañana. Escuchaba el suave sonido de los platos en la cocina, mi abuela ya despierta, moviéndose de aquí para allá, ya empezando el día antes de que saliera el sol. Y cerca de la ventana con cortinas, el arrullo calmante de las palomas. Y siempre, siempre, el aroma del café colao.

En la radio se escuchaba la voz cálida y pausada de Paul Harvey.
And now… the rest of the story.
Hasta la radio se sentía estable y tranquila en aquella casa.

Mi abuelo era un hombre de pocas palabras. Fuerte, callado y profundamente enamorado de mi abuela. Él no cocinaba; esa era completamente el área de Abuela. Pero estaba presente de todas las demás maneras en que un hombre puede estarlo. Todas las mañanas me llevaba caminando a la escuela. Todas las tardes iba a buscarme. Sin grandes discursos ni lecciones anunciadas. Me dejaba hablar y me preguntaba cómo me había ido en el día. Era simplemente su presencia, firme como un latido, caminando a mi lado por la acera mientras yo hablaba sin parar.

Leía la Biblia todos los días y el periódico completo, de principio a fin. Y todos los domingos, después de la iglesia, cogíamos la guagua de la ciudad para ir a una cafetería a almorzar y luego a la Biblioteca Pública en el downtown de Miami, donde pasábamos horas caminando entre libros. Ahora que miro hacia atrás, creo que esa era su manera de enseñarme el mundo.

Y Abuela.

Ella cocinaba tres comidas calientes al día, todos los días. Yo no supe hasta mucho más grande que realmente no era la mejor cocinera. Pero eso no importaba. Para una niña que se había acostado con hambre más veces de las que podía contar, tres comidas calientes al día se sentían como abundancia. Como ser rica.

Y si no te acababas la comida, no había postre. Así de simple.

Pero lo que más recuerdo de Abuela no era la comida. Era el sonido de ella. Siempre estaba tarareando coritos cristianos mientras hacía de todo: planchando en aquella mesa de aluminio los días de lavar ropa, sentada en la máquina de coser, escribiendo en su enorme maquinilla negra o tejiendo crochet en su sillón. Para Abuela, la adoración no era solo para los domingos. Ella alababa a Dios mientras hacía cualquier cosa… siempre moviéndose, creando algo, haciendo por los demás, siempre agradecida.

Y los domingos nos vestíamos con nuestra mejor ropa.

Yo no tenía muchos vestidos. Pero los pocos que tenía siempre estaban limpiecitos y bien planchados. Abuela se aseguraba de eso. Entrábamos a la iglesia con la frente en alto, como si perteneciéramos allí, porque ella creía que sí.

La iglesia era lo que nos daba fuerzas. Nos daba consuelo y ánimo para sostenernos durante la semana. Y yo observaba a mi abuela sentada en el banco de la iglesia, con los ojos llenos de lágrimas que ni siquiera trataba de secarse. Ella no estaba aparentando nada. Simplemente estaba… agradecida. Profunda, silenciosa y desbordadamente agradecida con Dios.

En aquel momento yo no lo entendía del todo. Pero estaba viendo una fe vivida de verdad. Y eso estaba dejando una huella en mí.

Me enviaron de regreso a vivir con Mami cuando tenía doce años. Esa etapa merece su propia historia, y no fue fácil.

Pero todavía cargo esos recuerdos conmigo. Las sábanas suaves entre mis dedos de los pies. El arrullo de las palomas afuera de mi ventana. El aroma del café. La voz tranquila de Paul Harvey. Los pasos de mi abuelo caminando junto a mí. Y el tarareo de mi abuela mientras hacía los quehaceres de la casa.

Esos olores y sonidos no solo formaron mi niñez.

También formaron mi fe.

¿Qué olores y sonidos te transportan a tu propia infancia? Me encantaría leer tus recuerdos en los comentarios.

Posted in Fe e Inspiración , Memorias / Historia Personal | Tagged , , , , , , , , , , , | Leave a comment

Reflexión de Una Hija

Mamá –

Ella no era el tipo de mujer que la gente llamaría fuerte.

No dominaba un cuarto ni siempre tomaba las decisiones más sabias. No tenía esa confianza firme que a veces yo envidiaba en otras madres.

Ella tenía fallas que se notaban. Era tierna en lugares donde la vida no había sido nada suave. Y de alguna manera, sin que ninguna de las dos lo planeara, yo me convertí en la fuerte.

Asumí ese rol demasiado joven, mucho antes de entender lo que significaba. Un rol que nunca fue para una hija, y mucho menos para una niña. Me convertí en su base. Su confidente. Su escudo. Y poco a poco, en silencio, empecé a hacerle de mamá a mi propia mami.

Aprendí a leer sus ojos y sabía cuándo estaba herida o asustada. Cargué sentimientos demasiado pesados para una niña. Llené vacíos que ni siquiera sabía cómo nombrar. Mi niñez se terminó antes de realmente comenzar.

Y aun así… me formó. Me hizo responsable. Alerta. Más fuerte de lo que quería ser. Pero también me dejó cansada de formas que no entendería hasta años después.

Aun así… era mi mami. Y yo la amaba. Todos la amábamos.

El amor no siempre crece donde se supone. A veces se abre paso entre lo más difícil y florece como quiera. Porque Dios sabe cómo hacer algo hermoso de lo que ha estado roto. Puede que mami no haya modelado la clase de fortaleza que otros admiran. Pero me dio algo más profundo sin proponérselo: espacio para encontrar mi propia fortaleza. Aprendí a reconocer la fragilidad de cerca. Una empatía que tuve que descubrir por mi cuenta. Y coraje, porque alguien tenía que sostener la línea. Y cuando el mío se acababa, aprendí a apoyarme en Dios.

Amar a un padre o una madre que no pudo estar completamente para ti es un dolor tierno, enredado. No es resentimiento ni culpa. Es una certeza callada. Yo siempre supe que ella me amaba, y ella sabía que yo la amaba. Y creo que hizo lo mejor que pudo con lo que tenía. Aunque lo que tenía no fuera suficiente. Lo que ella no pudo dar, Dios lo suplió. Él llenó los vacíos con Su gracia, Su presencia y la manera en que siempre estuvo ahí para mí.

Mamá tuvo seis de nosotros. Era nuestra—con fallas, frágil, humana y profundamente amada. No era perfecta, y yo tampoco. Pero éramos perfectas la una para la otra.

Extrañarla hoy me recuerda que incluso un amor frágil puede crecer en algo bueno en las manos de Dios. Lo que ella no pudo dar, Dios lo proveyó. No pasó de la noche a la mañana. En los lugares que se sentían incompletos, Dios sembró sanidad, resiliencia y una fe más profunda. Yo no conocería este tipo de fe sin ese proceso.

Puede que no sea la historia de todo el mundo. Pero es la mía. Y me formó.

Si hoy estás extrañando a alguien complicado e imperfecto, espero que te sientas visto. El amor no tiene que ser perfecto para transformarnos.

Hoy extraño a mi mamá.

Feliz Día de las Madres, Mamá. Aquí sigo por ti—

llevando el coraje que sembraste en mí,

sostenida por la gracia de Dios,

con el corazón lleno de recuerdos.

Posted in Día de las Madres, maternidad | Tagged , , , , , | Leave a comment